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LA COCA COMO BEBIDA…EL VINO MARIANI

LA COCA COMO BEBIDA, EL VINO MARIANI

La coca encontró un camino en la civilización occidental, independiente de su diabólica hija la cocaína.

Un sujeto de lo más pintoresco y genial, aunque de dudosa moralidad, el doctor Angelo Mariani, originario de Córcega, instaló en las afueras de París lo que se consideró en ese tiempo el santuario de Mama Coca, la misteriosa planta del Antiguo Perú. En los invernaderos, jardines y amplias instalaciones de Mariani, se veneraba la planta sagrada de los Incas como alguna vez soñaron los antiguos sacerdotes del Cusco. El culto a la coca se enseñoreó en Paris como nunca nadie lo imaginó entre los viejos curanderos peruanos.

Mariani inventó varios preparados de coca entre los cuales había un cordial y un té. Pero el más importante y popular, fue el vino Mariani, cuya comercialización y popularización fue abrumadora, utilizando todos los medios que con ese tiempo eran considerados más útiles y más efectivos para hacer conocer las bondades del vino Mariani.

La fórmula exacta del vino de los Incas nunca fue conocida. Evidentemente, contenía dos elementos básicos: la coca y el vino. Pero los que atisbaron alguna vez su preparación guiñaban el ojo cuando relataban que el último toque que Mariani daba a su vino era agregarle subrepticiamente una porción adecuada de un polvito blanco de composición secreta…Lo cierto es que, debido a sus excelentes propiedades euforizantes, antifatigantes, antidepresivas (¡ y qué se yo¡) y, por otro lado, debido a la exitosísima campaña de Mariani, las grandes personalidades del mundo intelectual y político estamparon su firma recomendando sin limitaciones el uso del vino de Mariani:

El zar de Rusia…

La princesa de Gales…

El presidente Mac Kinley…

Alejandro Dumas…

Emilio Zola…

Tomás Edison…

Roty, presidente de la Academia de Bellas Artes de Paris, rindió públicamente un especial homenaje a la coca premiándola con una artística medalla de oro “Al mérito” diseñada especialmente por él…Músicos de la talla de Gounod, Massenet y Faure, asiduos concurrentes al Santuario de Mariani, cantaron en dulces melodías las grandes cualidades de la planta peruana y hasta el propio Sumo Pontífice, León XIII, envió a Mariani una medalla de oro con la más entusiasta aprobación eclesiástica del uso de la coca. Los tiempos habían cambiado desde el Concilio Limense de 1551. Según las noticias de la época, el santo Padre encontraba un útil apoyo a su ascética vida en un frasquito que siempre llevaba consigo y que contenía un cordial de hojas de coca que Mariani le hacía llegar regularmente como una cortesía hacia su alta investidura.

Naturalmente, como hemos visto, la fama europea del vino Mariani llegó a las playas de Norteamérica. La industria norteamericana, encabezada entusiastamente por Parke Davis, también comercializó sus cordiales de coca y otros laboratorios intentaron ganar el mercado con otros productos; pero, por una razón o por otra, el vino Mariani continuó manteniendo su prestigio en los altos círculos. Las recomendaciones de Tomás Edison y del presidente Mac Kinley no eran letra muerta…

Por los años en que Mariani se rodeaba de lujos y honores en parís, un hombre de unos 50 años de edad, que desde hacía ya tres lustros se había radicado en Atlanta, Georgia (EE.UU), tuvo la intuición de lo que el “vino de Mariani” podía llegar a significar: John Styth Pemberton, farmacéutico que andaba siempre “buscando fórmulas interesantes para su clientela, registró oficialmente en los EE.UU, en el año 1880 el “vino francés de coca, tónico y estimulante ideal”.

Este fue el camino para que aparezcan bebidas que el mundo consume.. como la Coca Cola.

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